
Escrita por Jasiny Aguirre
En la actualidad, nuestro país atraviesa una preocupante regresión en términos de libertad de expresión. Este fenómeno no solo afecta a los periodistas, sino también a la ciudadanía en general, que ve restringido su derecho a expresar la realidad de su entorno y las situaciones que enfrenta diariamente.
El acceso a la información pública es un pilar fundamental en cualquier sociedad democrática. Sin embargo, en nuestro país, este derecho está siendo severamente coartado. Cada vez es más común que las instituciones gubernamentales se nieguen a proporcionar información, alegando que está «reservada» por periodos de cinco, seis o incluso siete años. Esta práctica limita significativamente la capacidad de la prensa para informar de manera completa y precisa sobre asuntos de interés público.
Además, la negativa de las instituciones públicas a conceder entrevistas y proporcionar datos, incluso sobre temas no relacionados con la fiscalización, agrava la situación. Por ejemplo, el Ministerio de Salud ha restringido el acceso a información crucial sobre enfermedades y registros de salud. Las respuestas de las autoridades, que frecuentemente aducen falta de autorización para brindar dicha información, dejan a la ciudadanía en la oscuridad sobre cuestiones vitales.
La censura y la represión no son conceptos nuevos en el periodismo; siempre ha habido obstáculos. No obstante, la situación ha empeorado dramáticamente. Los periodistas ya no enfrentan solo procesos civiles; ahora, la amenaza de ser encarcelados es muy real. El desafío es evidente: la represión y las represalias, como las mencionadas en relación con el régimen de excepción, han llevado a muchos colegas a abandonar la profesión, preocupados por su seguridad y la de sus familias. A pesar de los riesgos, muchos periodistas continúan en la profesión por su profundo compromiso con la verdad y la sociedad. La sensibilidad social y el compromiso con la ciudadanía son lo que mantienen viva la pasión por informar, incluso en medio de amenazas constantes.
Si se preguntan si actualmente tenemos libertad de prensa, la respuesta es que sí, aunque de forma limitada. La existencia de actividades periodísticas y medios de comunicación activos demuestra que aún hay espacios para la expresión. Sin embargo, la realidad es que estos espacios están constantemente amenazados por una multitud de factores que coartan la información y generan un clima de miedo y autocensura entre los periodistas.
La realidad que enfrentamos es difícil, pero aún podemos decir que vivimos en una democracia. Sin embargo, la verdadera medida de nuestra libertad de prensa radica en nuestra disposición a decir la verdad, sin importar las consecuencias. En estos tiempos de incertidumbre, es vital que cada periodista se comprometa a defender la veracidad y la objetividad. Solo así podremos garantizar que la libertad de prensa no sea solo una teoría, sino una práctica viva y esencial para nuestra democracia.

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